La vida consciente

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Seguro que muchas veces te has sorprendido con la sensación de que vives muy rápido. Los acontecimientos te sobrevienen y para cuando te quieres dar cuenta han pasado dos, tres o cuatro años de tu vida, así como si nada. 
Has vivido muchas cosas, de forma intensa pero no sientes una evolución en tu interior, te falta algo. Muchos acontecimientos pero poco crecimiento.

Seguramente no has tenido rutina en tus días, has disfrutado, conocido a muchas personas y vivido experiencias diversas… pero esa existencia, que desde fuera puede parecer intensa y que no niego que lo es, no te da la plenitud que necesitas.

¿Qué es lo que pasa?

 “Estoy viviendo todo y no termino de sentirme satisfecho ¿Porqué?”

Puede que pienses que esta sensación se disipará cuando comiences un nuevo proyecto que te llene más, después de tomarte unas vacaciones o si te dedicas realmente a las cosas que te gustan.

Puede que sí o puede que no. Basándome en mi experiencia no.

¿Porqué?

La razón de este vacío es que no somos conscientes de nuestras vidas.

Podemos asegurar que es lo que queremos y cuales son nuestros planes pero no lo disfrutamos porque vivimos dejándonos llevar por la inercia sin un rumbo claro.

Ser consciente de nuestra vida no significa planear y vivir nuestra existencia como un proyecto donde tenemos que ir cumpliendo metas y objetivos. Las metas y objetivos están bien, a veces pueden ser distracciones que nos dan placer momentáneo y nos ayudan a seguir en el camino.

Pero no establecen el rumbo en el que dirigimos nuestra vida.

En este caso necesitamos bajar más a la superficie para tomar las riendas y ver que es lo que queremos y cuales son nuestros valores y necesidad y sobre todo ¿Porqué estamos buscando eso?

Es decir, comenzar un camino de autoconocimiento. En estos momentos me viene a la cabeza esta frase de Ernest Hemingway

“El hombre que ha empezado a vivir más seriamente por dentro,

empieza a vivir más sencillamente por fuera”

 Saludos

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